¿Cuántas formas diferentes hay de decir prostituta?

Martes, 11 de Mayo de 2021

Siempre se ha hablado de la prostitución como de la profesión más antigua del mundo. Más allá de la exageración de la frase en sí, lo cierto es que la prostitución existe prácticamente desde que el mundo es mundo. Con el sexo ya se comerciaba en Babilonia, en Grecia, en Egipto, en Roma... En esta última, sin ir más lejos, estaba tan arraigado el comercio carnal que había más de sesenta palabras destinadas a nombrar a las mujeres que la ejercían. Es decir: había más de sesenta maneras de decir prostituta.

¿Por qué tantas? Porque el latín, lengua muy rica, destinaba palabras concretas para denominar formas específicas de ejercer la prostitución o características especiales de la prostituta de turno. Así, se llamaba prostíbulas a las que se exhibían delante de un burdel, noctilucas a las que solo trabajaban de noche, culiolas a las que practicaban el griego y culibonias a las que podían presumir de tener unos buenos glúteos.

El castellano, como lengua derivada del latín, es también muy rico a la hora de nombrar a las mujeres que ejercen la prostitución. Podemos decir prostituta de muchas maneras distintas. De una forma más o menos culta o de un modo más o menos popular o barriobajero, podemos dar nombre a la mujer que comercia con su cuerpo de muchas formas diversas.

Puta

Putas, lumis y chicas de compañía

La palabra más habitual y popular a la hora de denominar a las prostitutas es, sin duda, la palabra puta. En su empleo siempre hay un algo de despectivo. Por eso la utilizamos más de una vez como insulto al acompañarla de la expresión "hijo de...". Algo que, ciertamente, dice muy poco de nuestro respeto como sociedad a esas mujeres que, de forma libre, deciden dedicarse a la prostitución sin causar daño a nadie.

Otra palabra muy utilizada para referirse a las prostitutas, sobre todo en la región de Madrid, es la palabra lumi. En este caso, el término parece derivar del caló o lengua de los gitanos. En dicha lengua, la palabra 'lumí' sirve para designar a las concubinas o prostitutas.

En ocasiones, para resaltar el carácter exclusivo o la belleza excepcional de una de estas mujeres que prestan servicios sexuales a cambio de dinero hablamos de lumis, prostitutas o putas de lujo.

También hay quien para resaltar la exclusividad de una trabajadora sexual recurre al concepto de escort. Quien hace esto debe tener presente que, en sentido estricto, las escorts no son exactamente prostitutas, sino profesionales del placer y el acompañamiento erótico que prestan una serie de servicios que pueden ir más allá de la simple práctica sexual. Entre dichos servicios puede figurar, por ejemplo, el acompañamiento a eventos, cenas, estrenos, etc.

Hablar de chica de compañía o de señorita de compañía es también una forma (en este caso disimulada o, cuanto menos, respetuosa) de llamar a las trabajadoras sexuales. Para referirse a las chicas de compañía se suele emplear también el término británico 'call girl'. El término callgirl podría traducirse por algo así como "chica de llamada", es decir: chica con la que se contacta por teléfono para tener una cita (se entiende que sexual) con ella.

Escort

Sinónimos de prostituta

Pero las formas de nombrar a las prostitutas no se agotan en los términos dados hasta ahora. Los que hablamos la lengua castellana estamos de suerte. Alguna estudiosa de la misma afirma que en el diccionario español hay más de doscientos sinónimos de la palabra prostituta. Es decir: tenemos más de 200 maneras de nombrar a una prostituta.

Por ejemplo: Camilo José Cela, el que fue Premio Nobel de literatura, escribió un libro titulado 'Izas, rabizas y colipoterras'. El título de aquel libro, que era también un libro de fotografías de escenas cotidianas de mujeres que se prostituían en el Barrio Chino barcelonés, recogía esas tres formas de nombrar a las putas.

Sin necesidad de adentrarnos en la espesura idiomática de la lengua española, vamos a ver a continuación algunas de las formas más famosas de decir prostituta en castellano.

Ramera, por ejemplo, sería una de esas formas populares de llamar a una puta. Durante la Edad Media se empezó a llamar de esa forma a las prostitutas que señalaban las casas en las que ejercían su oficio de una forma muy visual: colgando un ramo en la puerta. Quien pasaba ante esa puerta y veía ese ramo, ya sabía que, o bien aquella casa albergaba una taberna, o bien en ella ejercía su oficio una lumi. O las dos cosas. Después de todo, las prostitutas de la época intentaban captar clientes en las tabernas.

Zorra y fulana serían, también, otras dos maneras bastante habituales de decir puta. La primera derivaría de un término árabe que se traduciría como concubina. La segunda sería el femenino de fulano. Esta segunda palabra, derivada también del árabe, serviría para nombrar a "una persona cualquiera".

Lumi

Cortesanas, hetairas y meretrices

Junto al de concubina, los de cortesana, coima, mesalina, hetaira o meretriz serían otros de los términos que podrían servirnos para nombrar a las prostitutas. Todos estos nombres nos traen resonancias de otros tiempos.

En algunos de estos casos, las palabras empleadas para nombrar a las putas nos remiten a la Antigua Roma. En otros, a la Grecia clásica. En algunos, como sucede con la palabra cortesana, a las cortes renacentistas y barrocas.

Vistas desde la distancia que da el tiempo, las cortesanas vendrían a ser algo así como putas de lujo, prostitutas de un cierto nivel que se moverían por los salones de las diferentes cortes y que se rodearían de condes, duques, marqueses y otros personajes de sangre azul.

Las hetairas también vendrían a ser algo así como prostitutas de lujo o, mejor dicho, escorts de la Grecia clásica. Educadas y cultas, las hetairas hacían algo más que follar a cambio de dinero. Escribían y recitaban poesía, tocaban algún instrumento musical, cantaban...

Salvando las distancias culturales y sus matices propios, las geishas vendrían a ser, también, una especie de escorts para las clases altas japonesas.

Otros términos castellanos utilizados de forma más o menos esporádica para referirnos a las prostitutas son los de barragana, pelandusca, mantenida, pingo o buscona. Cada uno de estos nombres tienen sus propios matices de significación. La mantenida, por ejemplo, vendría a ser aquella prostituta que trabaja en exclusiva para un único cliente. Éste, en contrapartida por sus servicios sexuales, se ocuparía de satisfacer las necesidades económicas de la mujer.

Geisha

Burdeles, puticlubs y casas de putas

Más allá de todas estas formas de nombrar a una prostituta, hay que especificar que siempre ha existido una diferenciación básica en el gran magma de las mujeres que ejercen prostitución: la que media entre las putas independientes y las putas que prestan su servicio en algún local en especialm, como por ejemplo los típicos de Barcelona o Madrid.

De la misma forma que hay muchas maneras de nombrar a una lumi, también hay muchas formas de llamar a ese lugar en el que una mujer, junto a otras, puede ejercer la prostitución. Desde la más habitual de casas de putas hasta la de burdel, a la hora de citar ese lugar podemos recurrir a palabras como puticlub, club de alterne, mancebía, lupanar, casa de citas, quilombo, casa de lenocinio...

En los últimos tiempos, hay unos lugares que, por la calidad de sus instalaciones y por la belleza y profesionalidad de las chicas que allí ejercen su profesión, se han convertido en el rostro más lujoso y exclusivo de los lugares en los que citarse con una profesional del placer. Esos sitios son las agencias de escorts. En ella se puede disfrutar de lo más exclusivo del amplio y variopinto mundo de la prostitución.

Puticlub