Quiero ser una escort - Parte II

Viernes, 04 de Septiembre de 2020

Lola trabajaba para una afamada y prestigiosa agencia de escorts de Barcelona. "Aquí te sentirás protegida, te sentirás bien tratada y podrás iniciarte en esto del acompañamiento erótico. Tienes madera para ello. Eres guapa y, a la mínima que te guste follar, te adaptarás rápidamente a esto de las citas sexuales a cambio de dinero", me dijo la encargada del local, una mujer que había traspasado ya la barrera de los cincuenta pero que conservaba todavía el glamour y la sensualidad de años pasados. En esos años, seguramente, ella había sido como yo: una jovencita a la que le gustaba follar y que un día decidió convertirse en escort".

Mi primera cita como escort fue un viernes por la noche. Mi cliente, un comercial medianamente atractivo que había venido a Barcelona para una feria. Hasta el día siguiente no marchaba de la ciudad. Todo eso me lo contó mientras rompíamos el hielo en las instalaciones de mi agencia.

Me sorprendió la elegancia de la habitación que la agencia me había cedido para iniciarme como escort (era cómoda e íntima y parecía diseñada para que un hombre y una mujer se olvidaran de todo y se dedicaran en exclusiva al placer de follar).

Yo me sentía un poco cohibida, pero ver el deseo chisporroteando en sus ojos me hizo ganar seguridad. A poco que lo deseara, pensé, aquel hombre que tanto me admiraba con la mirada estaría comiendo en la palma de mi mano. Aún no se había quitado los pantalones cuando lo besé largamente y pasé una mano por su paquete. Su polla, dura, estaba deseando estar dentro de mí.

Pensé que sería bueno poner una pausa. Mi cliente tenía contratada una hora y no estaría bien hacer que se deshiciera entre mis manos a las primeras de cambio. Le dije si quería compartir una ducha conmigo y me dijo que sí. Los dos, desnudos, nos sumergimos bajo el chorro del agua y fuimos, poco a poco, reconociendo nuestros cuerpos. Su polla no tenía el tamaño a veces abusivo de la de Jorgito pero no estaba mal del todo. A él parecieron gustarle mis pezones. Su lengua no dejaba, al menos, de recorrerlos mientras sus manos se aferraban a mis nalgas. Me gustó que se arrodillara ante mí y que hundiera su lengua entre mis piernas. Cuando me dio la vuelta y sentí como me lamía el culete, supe que me iba a llevar el extra por el griego. Fui haciéndome a la idea de que me iba a estrenar en el universo escort con una follada por el culo.

Sexo con una escort

Al salir de la ducha, y tras haber enjabonado bien enjabonados nuestros cuerpos, nos secamos y nos fuimos a la cama. Mi boca fue recorriendo todo su cuerpo. Mis suaves mordiscos en los pezones casi le hacen perder el control. Gimió de placer cuando me metí sus pelotas en la boca y cuando mi lengua recorrió su polla arriba y abajo.

¿Y tú eres nueva en esto? -me dijo entre gemidos.

Me lo tomé, claro, como un cumplido. "¿Quieres que te la mame hasta que te corras?", le pregunté. Y él me dio la respuesta que yo esperaba. "No", contestó; "ya sabes tú donde quiero correrme".

Jorgito me había follado por la cola en muchas ocasiones. Por eso sabía perfectamente cómo tenía que colocarme y hasta qué punto mi culo necesitaba ser lubricado para disfrutar con un buen griego. Mi cliente, puesta a cuatro patas, me estuvo rechupeteando el ojal durante un buen rato. Después, obediente, cogió el tubo de lubricante que le di y, con los deditos, suavemente, comportándose como un auténtico caballero, me lubricó el ojal.

Una vez estuvo mi ano convenientemente lubricado, sentí las manos de mi cliente aferradas a mis caderas y sentí como la punta de su polla se abría camino entre mis nalgas y, sin precipitación pero con determinación, entraba dentro de mí.

Follar con una escort

Cerré los ojos y pensé en las veces en que había hecho aquello con Jorgito. Sentí como aquel pedazo de carne entraba y salía de mi culo y escuché el gruñido casi animal de mi cliente cuando se corrió dentro de él.

Cuando recuperó el aliento me dijo que le había gustado mucho. ¿Puedo darme otra ducha?, me preguntó. Le dije que sí. Faltaba tiempo para que su hora terminara. Volvimos a ducharnos juntos. Me sirvió para limpiarme el sudor y para 'regalarle' una mis soberbias mamadas. Me encanta doblegar unicornios con la boca y aquel primer unicornio que había tenido el honor de estrenarme como escort se merecía aquel homenaje de mi boca y mis labios.

Cuando mi cliente se fue, se despidió con un beso. "Cuando vuelva a Barcelona, volveré a esta agencia y preguntaré por ti. Eres un encanto", me dijo.

Yo reí. Reí porque recordé que Lola me había contado que los clientes acostumbran a hacer muchas promesas. "Algunos, incluso", me dijo, "prometen retirarte si te haces su novia". Y reí también porque sabía que, con el dinero que había ganado durante aquella hora, podría comprarme aquel vestido que tanto me gustaba. Aún lo conservo. De hecho, ahora mismo voy paseando con él. Y los hombres se giran a mirarme. Yo les sonrío y pienso: "¿te gustaría follar conmigo, verdad? Pues paga. Te puedo asegurar que será un dinero bien invertido".

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